DELFOS

D escendientes de otro Universo
E l último viaje sin equipaje
L ealtad a un pacto eterno
F uego al que nunca vencieron
O tro tiempo dentro del tiempo
S osegada mente consejera.

– Jose Lobo –

©

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DIEGO VOLIA, definitivamente se ha ido. Su último poema antes de suicidarse: PÚRPURA

Hace unos  escasos días Diego Volia dejó escrito este  poema y, posteriormente, se ahorcó en su habitación.

Recién  me acabo de enterar, pese a haberlo leído el día que lo colgó en su bitácora, más no imaginé que ya era el momento que había decidido para irse.

Residente del madrileño barrio de Tetuán – Ghettuán es como lo llamaba él-, comencé a leerle hace varios años en numerosas publicaciones, revistas, y en distintos affaires en los que intervenía, por afinidad con su realismo, profundidad existencial analista, y su desprecio y asco social hacia el funcionamiento de este mundo de mierda en el que tenemos que estar (o no) y que nos convierte en nihilistas forzados descreídos a quienes como él, se cansó de soñar con la belleza de otra vida utópica y coherente.

Quizás por eso me dediqué al Cosmos, y poder estar cuanto me fuera posible lejos de este podrido planeta.

No me entristezco, todo lo contrario. Ya está donde quería viendo lo visto aquí…
Hasta siempre Diego.

PÚRPURA 

Hay un cadáver en mi habitación.
Erguido, tieso, balanceándose.
Parece joven pero tiene treinta y cinco,
delgado, fibroso, los ojos de espanto
como si pudiese verse.

Oigo voces pero todas son mías.
Lo que siento no me gusta,
me miro y un frío invierno
recorre mi cuerpo hueco por dentro.

Espíritu perro mil leches,
venas negras anguilas
rodean y aprietan alambres
que sostienen el cuerpo
y estrangulan la faringe.

No me interesa
lo que el mañana me reserva,
me ahoga en la bañera
como una madre soltera y yo soy impuro
-la pureza no existe-
soy corazón hambriento y famélico
al otro lado del fuego.

Qué será de los nuestros
cuando nos hayamos ido,
cuántas muertes caben en cada muerte,
multiplicador de viudedades.
Es lo que más me preocupa.

Muere el momento,
heraldo vivo del fracaso y la frustración,
siempre inacabado.
Fuera de las prisiones de lo posible
no me sobreviviré esta vez.

Preferiría estar en el cerro de las balas y los locos
pero no tengo fuerzas.
Preferiría que nadie sufriera por mí
y celebrasen que este infortunio
ya ha llegado por fin a su fin.

Quise experimentarlo todo
y llegado el momento esto también.
Nunca supe vivir,
no se me dio demasiado bien,
lo intenté a mi manera
y este, supongo, es el resultado.

El árbol no me impidió ver el bosque
porque el árbol es el bosque.
Me arrepiento, de arrepentirme también,
porque viví por mil vidas en una
y bastante lejos he llegado
-creedme-
llevo pensando en este momento
desde que me conocí.

Lo siento mucho

– Diego Volia –

(20 Septiembre 2018)

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Diego Volia

Nota: En comentarios dejo un par de poemas suyos de entre los muchos que me cautivan e identifico con él.
Pero sin lugar a dudas, me quedo fundamentalmente con éste, que tituló como: “Decía mi abuelo”:

DECÍA MI ABUELO
Los mejores consejos que me han dado
son citas inventadas que puse en boca de mi abuelo.

Mi abuelo decía que lo que no te mata acabará por hacerlo
y que llegado el momento si no lo hace
espera,
estate quieto no te muevas,
acabará ocurriendo.

Mi abuelo decía que las oportunidades no pasan dos veces en la vida,
que no se te escapará ningún tren,
tranquilo,
esta estación está siempre vacía,
no hay trenes
ni hombres con sombrero
ni mujeres que sostienen pañuelos al viento.
Pero siempre estará el bar abierto
sirviendo café bien cargado a los que esperan,
nerviosos,
la oportunidad que nunca llega.

Mi abuelo decía que nunca aprendiese a encajar los golpes,
que el dolor nos hace más duros pero menos fuertes
más quebradizos e indolentes
y que eso
-decía mi abuelo-
era la mayor tragedia del hombre,
y que eso
-decía mi abuelo-
era peor que la peor muerte
porque eso
-decía mi abuelo-
es vivir sin latido y sin nervio,
vivir sin miedo ni hambre,
sin llanto
ni sangre.

Eso,
decía mi abuelo,
es lo que hacen aquellos que temen
la parte de muerte que encierra la vida
y el tipo de vida
que espera la muerte.

– Diego Voila –

 

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CON ARSÉNICO Y COBALTO MATANDO EL TIEMPO

El asno gira y gira en círculo alrededor de la noria. Su tránsito es siempre el mismo. Da igual con orejeras que sin ellas. Se nace ciego de nacimiento.
El círculo, aunque sea algo de Perogrullo, siempre empieza y acaba en el mismo sitio, repetitivo, absurdo, sin sentido.

El nihilista dirá que para qué caminar haciendo surcos que todos conducen al final a ninguna parte. El optimista, por contra, opinará que desde cada punto se disfruta del paisaje.
Quizá cada postulado sea válido. Unos porque lo crean, otros para convencerse y engañarse mientras tanto.

Personalmente el optimismo me deprime. Lo encuentro una máscara para sacar agua de donde no hay. Y aunque la extraigan, no es para saciar una sed verdadera sino conformista.

Decía mi admirado Charles Bukowski, que muchos van desde el coño a la tumba sin enterarse. Concuerdo con él que vivir es otra cosa completamente distinta a lo habitual y establecido.
No encuentro deleite alguno en dar vueltas en círculo, cual asno, hasta que esto que llaman “vida” se acabe y, como los faraones egipcios, se nos entierre creyendo llevarnos a otro mundo lo que acaparemos en éste, desperdiciando mientras tanto el tesoro del tiempo disponible hasta volver a la nada.

Hace unos días leía a Belén Gopegui, en una formidable exposición y análisis existencial en su obra ‘Quédate este día y esta noche conmigo’, una reflexión que  decía: “morir no es lo contrario de vivir, sino de nacer”.

Considero, matemáticamente hablando y desde la única ciencia realmente pura y limpia, certera, verdadera y honesta, descontaminada y alejada por imposible de manipulación y podredumbre de considerandos humanos, que las variables de Minkowski rara vez son consideradas en nuestro tránsito; mucho menos aún la observación desde dos planos completamente distintos en los ejes cartesianos y coordenadas de las transformaciones de Lorentz aplicadas a otra percepción ignota de vida.

El arsénico y cobalto me hace vomitar en lo que contemplo.
Me aferro a la tabla náufraga de mis espacios.
El tiempo se va agotando, pretendiendo someterme y matarme mientras soy yo, por contra, quien lo voy matando.

– Jose Lobo –

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NIÑA NOELIA

A Virginia Trivez

Porque este poema le cautivó,
lo sintió como nadie en sus adentros,
y como no puede ser por menos,
me desprendí de él, es todo suyo,
y le pertenece en derecho y su única propietaria
desde el primer día que lo leyó.

Y no puede estar en mejores manos que las de esta inmensa artista y compa, ni yo más satisfecho de que así sea.
Se lo cojo prestado un ratito, que seguro que no le importa.

Cuenta la historia de una niña pequeña que conocí y me la encontré sola en una madrugada, sentada y asustada en la acera de una plaza de una conocida ciudad española, así como de lo que vi y viví junto a ella en primera persona mientras me fumé unos cigarros intentando acompañarla un rato, y lo que pude averiguar y me contó de su vida.

NOELIA
Tres veces la paró la madera
tres veces en una noche
y no porque hiciera nada
sólo por estar sentada en una acera,
por su ropa andrajosa,
por el pelo sucio, zapatos viejos,
presencia y olor de sospechosa.
Si por no tener
ni carnet de identidad tenía,
solo catorce años abiertos en canal
navegando por sus venas,
ni techo que no fuera el cielo
madre en paradero desconocido
padre ni lo supo siquiera.
Pero eso no le importaba a los monos
ni si había cenado, ni cómo ayudarla,
ni por qué la desterró el sistema,
sólo qué hacía allí a esas horas
lo que llevara en los bolsillos
y lárgate de aquí donde no te vean.

Catorce años, niña Noelia,
doce días tirada en la calle
doce días que murió su abuela
la única persona que la arropaba
quien le hizo
las últimas trenzas que aún lleva.

Asustada cada vez que pasa alguien,
deseosa que nazca el día y el miedo pase.
Y mientras la madera,
no tratándola como una niña perdida
a la que hay que llevar a alguna parte
averiguar y solucionar su problema,
sino como un despojo lleno de mierda.

Noelia, lloré por ti niña pequeña,
imposible no verte como una hija.
Los otros, unos hijos de perra.

– Jose Lobo –

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Noelia

 

Virginia Trivez
Fotografía:  Virginia Trivez trabajando en una de sus ilustraciones

Delia Domínguez: ROPA LIMPIA

Me lo regaló una antigua amiga de viaje en lúgubres aposentos existenciales por la pensión azul varios lustros atrás y … aún lo conservo, tal como prometí hacer.

Un día
uno sale a encontrar la muerte,
sin equipaje,
sin muda para la otra semana
con la única camiseta blanca
que quedaba
del tiempo de colegio.
Un día
uno se apura como malo de la cabeza,
como si tuviera que llegar
a todos los trenes
y saludar a medio mundo.
Un día
uno no sabe quién diablos
tendrá suficiente amor entre las manos
para arreglarle
esos asuntos particulares
que siempre quedan flotando
después de la catástrofe,
o quién diablos
va a cerrarle los cajones del velador
con las fotografías secretas
de esa edad
en que la musculatura orgullosa y dorada
era toda la potencia con que contábamos
para vivir.
Un día
uno no vuelve más
por ropa limpia.

– Delia Domínguez –

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COMO ADMETO Y ALCESTIS

No quiero dormir esta noche.
Únicamente contemplarte
desnuda sobre blanca sábana
de canela y vainilla impregnada.
Sabía quedaba poco tiempo
antes de que partieras lejos.
Invierto la leyenda de amor
de Admeto y Alcestis
y soy yo quien se da a la muerte
cantando letanías en versos.
Al amanecer ya no estarás.
No podré acariciar tu cuerpo.
Tomo consciencia de mi realidad.
Hasta se me niega el sueño
donde acuda Proserpina alguna
apiadándose de su víctima
para llevarme a tu presencia
rescatándome de los infiernos.

– Jose Lobo –

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Fotografía: ”  El artista y la modelo “

 

 

FANTASMAS

No, los fantasmas no son etéreos,
ni invenciones de la mente.
Adoptan forma de hechos reales,
estén vivos o muertos,
sean personas, recuerdos o sucesos;
tan  reales que sin falta cada noche,
te desvelan y absorben el pensamiento.
No tienen vacías las cuencas de los ojos,
como tampoco levitan en el aire
bajo túnicas blancas o transparentes
con las manos en alto amedrentándote.
Son fantasmas que te invaden
incrustándose en los sesos
para que nunca dejes de olvidarte
de ningún momento en los que en ti
se cebó con dolor al límite la vida.
Algunos son puñales tan crueles,
que sabiendo lo que te hieren
intentarán que no te resistas
buscando llevarte hacia la muerte
en cada una de sus visitas.

– Jose Lobo –

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José Agustín Goytisolo: ESTRICTAMENTE PERSONAL

Quien me conoce bien sabe que, tengo por costumbre y por motivos que ahora no vienen al caso ni tampoco han de importarle a nadie, abrir al azar por cualquiera de las páginas de José Agustín, y dejar que sea él quien decida qué contarme.
Y hoy, él sabrá el porqué, eligió esto:

ESTRICTAMENTE PERSONAL.

El dolor o el cansancio traen a veces
un desmedrado desfallecimiento
unas ganas terribles de olvidar
todo lo que no sea intransferible
-personal como dicen- pero luego
no se distingue ya lo que es de uno
y el egoísmo llega a ser total
a invadir el dominio de otra gente.
Y hoy padezco por algo que no es mío
por lo que ocurrirá con una chica
que no me pertenece: que tan sólo
camina y lee; se equivoca y riñe
casi todos los días en su casa.
No: no es posible dijo; pero sé
que aún guarda mi retrato y que ahora entiende
mis palabras; que hace años la llevaron
a extrañas situaciones. Y me mira
desde un sillón distante sin decirme
qué será de su vida. De la mía
ya sé que nada bueno. Y como esto
mucho tiene que ver con mi neurosis
termino aquí el asunto y a la calle;
me bebo un buen café y a la puñeta.

– José Agustín Goytisolo –

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 Fotografía: José Agustín Goytisolo, Barcelona año 1994

NO CONFUNDIR

No confundir libertad con libertinaje.
No confundir amistad con simple mierda.
No confundir asco con esencia.
No confundir integridad con el todo vale.
No confundir el placer con la ofensa.
No confundir dignidad con denigrarse.

No confundir lo que no quieras para ti
con hacérselo a nadie,
aunque sean terceras partes ignorantes.
No confundir querer servir
con ejercer de vulgar sirviente.
No confundir jugar con ser el juguete.

No confundir apoyar con encubrir,
por muy amigo que se sea,
ni ser carne podrida de lasciva recompensa.
La lealtad no está entre las piernas.
No confundir huir con dejar atrás,
sin antes haberse sabido disculpar,
dar la cara y asumir las consecuencias
de en lo que nunca se debió participar.
Quizá haya alguien que lo espera.

Quizá dañaste más de lo que piensas.
 
No confundir locura con desmesura,
ni hacer equilibrio en la cuerda floja;
todo funambulismo acaba en hostia.
No confundir física con química,
son dos cuestiones distintas
que si se mezclan, explotan.
No confundir la ecuación con la incógnita,
a veces lo que suma, resta.

No confundir histórico con historial.
No confundir real con aparente.
No confundir infinito con infinidad.
No confundir el centro con la tangente.

Si tu reino es el de la confusión,
yo habito en el infierno de lo objetivo.
No confundir, no escupo yo.

En tu recorrido,
eres tú quien lo ha ido haciendo contigo.

 
No confundir tu espejo con el mío.
Reflejos de antagónicos principios,

transitando diferentes caminos.

– Jose  Lobo –

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Fotografía:  (c) rayjaen

LA ASTRÓNOMA MISÁNTROPA

Quiso la astrónoma misántropa
ser eterna noche yacente,
como plateada sombra de cipreses
descalza sobre lápidas sin nombre,
fría e indiferente a la muerte.
Lo quiso y así hizo.
Su cuerpo de metal y cristal
hace muchas lunas que descansa
custodiada por el Universo arriba
y la mar, su mar, al frente.

No regresaré nunca a Delfos.
Ganaste.
Tu teoría era cierta:
la verdad es una mentira que no existe.

“Que tu mente sosegada
sea tu mejor  consejera”

– Jose Lobo –

©