JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO, in memoriam.

Esta entrada es bastante triste para mí.

Tal día como hoy, 19 de marzo, pero de hace diecinueve años, 1999, mi máximo compañero y maestro de palabras y de versos existenciales, JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO, decidió abandonar este mundo y dar por finalizada su vida.

Casual o causalmente, aconteció en esta fecha  en la que se celebra el “día del padre”. Aquél, que escribió quizá, los mejores y entrañables versos que un padre haya dedicado jamás a una hija en su más que célebre y conocido poema “Palabras para Julia”,  y que gracias a Paco Ibáñez, quien magistralmente le puso su música y voz, se hizo conocido universalmente.

Pero me jode, y bastante, que cuando se le menciona, rápidamente se le asocia casi de forma única con ese texto, cuando su obra es extensa, y no hay verso alguno que sea despreciable en ninguna de sus creaciones.

No pretendo rendirle ningún homenaje, ni siquiera recordarlo, porque no hay día que no esté presente en mí ni que no relea alguno de sus escritos. Si acaso compartirlo, en otra infinita vez, un poco más especialmente, si cabe.
No me lo hubiera permitido, además.
Él decía al respecto:

“Hay quien lee y quien canta poemas que yo hice
y quien piensa que soy un escritor notable.
Prefiero que recuerden algunos de mis versos
y que olviden mi nombre”

Por eso, yo he venido a traer en esta efemérides alguno de sus versos, aunque soy uno de los que piensan que es un escritor notable, pero no fue su estilo ni capacidad la que me hicieron afín a su persona, sino la coincidencia en la percepción, formas y comportamiento ante lo que se nos plantea cada día en esto que llaman vida o existencia. Como él, me siento un maníaco-depresivo. Como él, soy un descreído de casi todo, y como él, sigo pensando que muchas pequeñas cosas sí que merecen la pena, aunque sean las que más desapercibidas pasen, o acaso menos interesen, a los grandes colectivos humanos.
En cada palabra suya, encuentro lo que me gustaría proclamar.
En cada palabra suya, encuentro el mismo vómito y asco.
En cada palabra suya, encuentro una misma escala de valores.
En cada palabra suya, encuentro que amar, (cuyo significado todos creen conocer, y me permito dudarlo) es algo inmenso y de lo poco por lo que merece la pena estar vivo.

En base a lo dicho con anterioridad al inicio, lo que voy a dejar en este día para quien tenga a bien acercarse por esta colina, no serán sus palabras para su hija Julia.
Mi elección para hoy es este otro de entre los cientos de sus poemas que encuentro todos imprescindibles:

Después de construir los cielos, la tierra y otras cosas
y mientras mi espíritu flotaba sobre las aguas
hice un ser a mi imagen y semejanza,
vi que aquello era bueno y descansé feliz.

Pero no todo resultó correcto
ya que pronto mi imagen se multiplicó
empezó a insolentarse y pelear y armar ruido
y también a fisgonear y preguntarse
sobre aquel mundo llano como tabla de mesa.

Entonces conseguí que la tierra se volviese redonda
girando en torno al sol
pero mis semejantes siguieron dudando y blasfemando
y no tuve más remedio de crear todo un cosmos
ordenado y caótico
para que se asustaran y fuesen más humildes
y me dejaran de una vez en paz.

Ahora ya veo que esto no ha sido suficiente
y estoy preparando algo realmente espectacular
a base de grandes explosiones galácticas de luz y de energía,
mas si ni de ese modo consigo que se callen
he pensado en suicidarme y dejar a esos cabrones solos
para que arreglen su ridícula bola como les dé la gana.

– José Agustín Goytisolo –

…… y finalmente, fue lo que hizo.

José Agustín, compañero y siempre “padre” y maestro, finalizo con las mismas palabras que tú en su momento pronunciaste sobre la tumba de Antonio Machado en Collioure:

… yo no he venido para llorar
sobre tu muerte,
sino que alzo mi vaso
y brindo por tu claro camino,
y porque siga tu palabra encendida,
como una estrella, sobre nosotros….

Esta noche me fumaré mi enésimo cigarro contigo.
– Jose Lobo –

JoseAgustinGoytisolo

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EXILIO

Cae la tarde y sobre el horizonte comienzan a brotar los primeros astros. Los mismos que tiempo atrás contemplaba con otra labor, perspectiva y panorámica.
Mi cabeza es una bandada de pájaros que surca los cielos fabricando hologramas con los que sentir lo que no puedo con ojos ni manos.

Ahora, tras cada anochecer, la vida sigue transcurriendo, los meses pasan, y mi ingravidez la solapo fumando, a modo de espera. Y entre calada y calada observo pausadamente el ir y venir de hormigas robotizadas y alienadas creyéndose en arduas labores que encuentro inanes. Es probable que también fume para esconderme tras la cortina de humo que exhalo sin importarme su daño. Me matan más otras cosas, como la poesía, las noches o el silencio.
Sentado en bancos bajo limoneros, o en colinas frente a la mar, deshago mi tiempo leyendo poemas o destrozando cuadernos escribiendo los propios. Un Diógenes sin su barril, a plena intemperie, cayendo cada vez más en subterfugios orates como cual Baal de Brecht, sin Johannas, y sin temor de ser etiquetado si es que no lo he sido ya, de ser otro más del Sturn und Drang, de lo que me honro, o un extinto beat kerouaciano en desuso en estos tiempos cuyos modismos, globalización, frivolidades, estilo y resto de recetarios me los llevo al retrete cada vez que tengo necesidades fisiológicas.

Agazapado en la ironía goytisoleana y sin que ninguna noche sea propicia (lo siento “padre”, lo intenté), dejémoslo estar ya, y proseguir, porque hay que hacerlo, proseguir o “porseguir” como Cortázar y su nostalgia de exilio, mi ropa descuidada, mis zapatos polvorientos y algún libro bajo el brazo, sin intentar explicarme mi vida, evitando mirar hacia arriba, a sabiendas de que nada nuevo hay bajo el sol, que ya lo dijo Eclesiastes, no yo.
En definitiva, es mejor no explicarse la vida porque es un intento fallido y sucumbir a un no querer saber de sí mismo inmerso en la propia locura. Mientras tanto intento terminar este último poema, otro más, que echaré al buzón de las causas oníricas.

Al arropo estelar espero aquellos otrora momentos, sintiéndome un Cernuda que estará muerto para quien venga a buscarme después huyendo de la mentira del resto.
Ahora, que ya conozco el secreto, y que bajo el crucifijo paneriano, aullaré, dejaré también de vez en cuando salir el pájaro azul bukowskiano.

No, no regresaré a tus brazos Universo. No volveré a Delfos.
Tengo un juramento que me lo impide. Un pacto que sigo respetando para poder volver a ello aunque me haya quedado solo y sin el camino de regreso.
Y yo, soy hombre de palabra.

– Jose Lobo –

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caminando

ASUNTOS INTERNOS

Puedo escribir las estupideces más estúpidas
de entre los estúpidos.
Puedo escribir las inteligencias menos inteligibles
entre los inteligentes y yo el necio.
Puedo observar sin ser observado
ni que se crean observados los que creen no estarlo.
Puedo no ser nada siéndolo
o puedo serlo sin que sea lo que creo.
Puedo encajar la falta de respeto
con respeto pero jamás respetarlo.
Puedo rehusar ser tú, él, vosotros,
desde mi yo en el espejo:
estúpido, necio,
ininteligible, observador, siendo.
Un simple hombre.
Todo. Alguien. Nadie. Depende.
Nunca Ciego.
Bonito juego al que no juego
cuando se juega a lo que detesto.
Hora de irse al sótano.
Que se queden ellos.

– Jose Lobo –

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En calle nocturna

 

INVOLUCIÓN

Cada día disminuye mi capacidad de comprensión
y aumenta mi aislamiento y descreimiento:
Los revolucionarios no hacen revolución,
los amantes no hacen el amor,
la palabra compañero/a ha quedado desvirtuada,
las parejas se dan la vuelta en la cama,
apenas nadie comparte su sopa,
se hiperdecoran habitaciones de niños
y otros en cambio han nacido ya adultos,
sedientos y desnutridos.
Se canjea el amor por la hipoteca de un piso,
se cambia todo por nada,
no se aprende
que el placer no es placer si no es compartido.

Me subo a aullar a la colina.
El lobo está herido hace tiempo.
Será porque las amapolas me ignoran,
los revolucionarios no hacen revolución,
los amantes no hacen el amor,
me matan las historias de vacíos,
y sin embargo , pese a todo….
              ¡ insisto !

– Jose Lobo –

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LEOPOLDO MARÍA PANERO

“Sólo es hermoso el pájaro cuando muere destruido por la poesía”.

“Yo que todo lo prostituí, aún puedo prostituir mi muerte y hacer de mi cadáver el último poema”.

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Leopoldo María Panero nos dejó el 5 de marzo de 2014. Se me fue, como a otros muchos también, el último poeta vivo que admiraba y respetaba: el último maldito eterno.

Dediqué mucho de mi tiempo y labor, mucho antes como en el después, al estudio de su obra y su enorme y dotado intelecto, que está al alcance de la comprensión de muy pocos. Cada verso suyo individualmente de cada poema, comprende alusiones, respuestas al pensamiento y textos de otros sin nombrarlos, reflexiones, visiones, experiencias, y un larguísimo etcétera que hacen que sea prácticamente imposible entender realmente el contenido y pretensión de un poema suyo, salvo que como él alguien pueda estar a su mismo nivel de ilustración y con una biblioteca de dimensiones infinitas de conocimiento y retención en su cabeza.

No creo exista ese alguien. Leopoldo era alguien que sólo nace una vez.

muerePanero

Tras su muerte me puse a intentar organizar diversos actos de homenaje por la geografía española con textos, canciones, fotografía, teatro y otras artes que varios artistas habían realizado y dedicado, la gran mayoría con anterioridad, a lo largo de su vida y trayectoria. Ardua y compleja tarea en este país donde lo que prima e interesa no merece ni la pena referirlo.
Comentando con su editor -única persona y también amigo con quien mantenía contacto en sus últimos años y a quien además dejó todo su legado (después han aparecido como suele ocurrir buitres y familia que en vida Leopoldo les importaba un carajo)-  coincidíamos en que era importante realzar ante todo la PERSONA, y no el personaje que de él han querido hacer muchos intencionadamente como el loco chiflado.
Pues el “loco chiflado” escribía poemas como este otro “Loco” que acompaño para esta entrada, y ya me gustaría a mí a todos esos cínicos corroídos de envidia y limitaciones verles algo escrito que ni les llegue a la suela de los zapatos.

Comparto además a pie de página para quien guste, un humilde video que, precisamente con este poema suyo, realicé y recité en homenaje a su PERSONA y obra que tanto admiro y ante quien me inclino y me quito siempre el sombrero.
J. Lobo

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EL LOCO
He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño
me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida»,
o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma»,
o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre”.
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.

– Leopoldo María Panero –

MASSAER

Massaer cometió el delito de nacer en Senegal. Me habla del hambre que estaba pasando tanto él como su familia. Un día decidió que algo tendría que hacer, y como otros tantos, decidió emprender camino, no para buscar suerte, sino para intentar que todos esos estómagos se pudiesen llenar con algo más.

Atrás dejó a su compañera, dos hijos que tuvo con ella, cinco hermanos suyos y unos padres. Me enseña con orgullo la fotografía que con él lleva de esa hermosa mujer de piel negra como él. Sus ojos se enrojecen cuando me dice que uno de sus hijos tenía cuatro meses cuando partió. De eso hace ya más de cuatro años y no ha vuelto a verlo. Imagina cómo estará ahora, la altura que tendrá, que ya correrá por aquellos campos, pero también que, como el resto, tendrá hambre, esa puta hambre de quien no sabe quien no la ha padecido.

Su aventura es muy parecida a la de todos los suyos.

De Senegal a Mauritania, en donde estuvo durante seis meses esperando el momento de poder saltar a Marruecos (Maroc, le llama él en francés). En Marruecos, nueva espera de casi otros seis meses esperando la oportunidad de poder embarcarse en una patera, localizando a quienes realizan el tráfico, el momento oportuno, que el agua esté en calma, y mil avatares más.

Me habla del viaje y su  mirada se queda perdida. Lo resume todo de manera muy escueta y significativa: “mucho frío, mucho, hambre, mucha hambre, no te dejan llevar nada de peso sólo lo puesto, sed, mucha sed. Si la mar está tranquila, tardas dos días, nos dicen. Yo tardé seis en llegar a Canarias y luego a la península. Dos muertos, hermano. Dos amigos se quedaron tirados al agua. Luego correr siempre, policía, albergues, trámites, fugas, siempre huyendo”.

– ¿Cuánto te cobraron Massaer por el “viaje”?
– Mil euros, hermano.

(guardo silencio).

Ya lleva tres años en España. Tres duros años de supervivencia. En este tiempo ya ha logrado mucha documentación (“papeles” como los llama él y todos). Sueña con traerse a sus hijos y compañera. Ya casi lo tiene todo, sólo le falta una cosa para obtener la ciudadanía española y traerlos: tener un Contrato de Trabajo. Un asqueroso contrato de trabajo es toda su salvación y vida para él. No importa de qué, sólo un contrato de trabajo.

En Senegal era mecánico, me cuenta. Se le daba bien arreglar coches. Aquí, como la mayoría, vende dvds y todo aquello que puede y que apenas si le dejan beneficio, pero sí mucho huir de la policía.

Hablaba de su escasa ganancia, pero para él es suficiente. Bueno, lo de suficiente es relativo. Me asegura que con 50 euros que pueda mandarles a su familia, comen todos decentemente durante un mes. Sí han leído bien. 50 Euros dan para comer todo un mes a dos hijos, una mujer, cinco hermanos y dos padres. Pero claro, él vive en España, por eso decía que lo de suficiente era relativo. ¿Qué se hace en España con 50 Euros?. Os lo digo yo: nada.

Si él obtiene al mes unas ganancias de cien euros, eso dándose bien, de los cuales envía cincuenta, le quedan otros cincuenta para él. Cincuenta para comer, dormir, vivir en España durante un mes …..

Cada vez que me lo encuentro, le ofrezco que se tome un vino conmigo, pero él prefiere coca-cola. Y unas patatas fritas. Le encantan las patatas fritas.
Cada vez que me lo encuentro, siento vergüenza ajena.
Cada vez que me lo encuentro, me indignan más aquellos que nunca están conformes con lo que tienen y no les falta de nada.
Cada vez que me lo encuentro escucho en él la palabra hermano, que no me la dicen ni los míos.

– “Más de tres años sin follar hermano. No mujer. Estar allá.”
– A mí no me lo digas Massaer, que yo también he perdido la cuenta.

Massaer sonríe. No ha perdido la sonrisa a pesar de todo.

Habría que darse más vueltas por las calles para conocer y hablar con esas “otras vidas”, en vez de tanto ir a los hipermercados, que parece que venden sueños, en vez de latas de conserva.

***********

Post Scriptum: Este texto lo escribí hace unos años. Las autoridades xenófobas españolas entre otros muchos impedimentos para intentar como sea que no puedan quedarse y así expulsarlos, conseguido trabajo y como si fuera un niño pequeño le exigió más: que alguien en España declarase ser su tutor y que hablase perfectamente el castellano.

Me llamó para contarme. Como no cabía por menos me alié en su causa y fui a declararme “tutor”. Como no hablaba bien castellano buscamos un senegalés que llevaba aquí muchos años y lo hablaba perfectamente y vino conmigo en su lugar.
A hijos de puta ellos, no íbamos nosotros a ser menos.

A la estúpida de extranjería le extrañó lo rápido que había aprendido el idioma y sólo parece que vio lo negro, ni recordaba su cara siquiera.
“Tengo buen tutor que me enseña, le respondió el amigo que me acompañaba”.

No hubo más cojones que concederle el permiso de residencia.

Con él en mano, aquel día nos fuimos a celebrarlo…

– Jose Lobo –

S

 

“VIDAS” DE MENTIRA

“La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo”.
Friedrich Nietzsche

Mentira.
Engañaos con ella. Chútese en vena.
En dosis altas, mejor.
Créase mientras tanto que hay vida.
Máscaras. Disfrazados de mil maneras.
Invéntala a gusto del consumidor.
Véndete al mando a distancia.
Prostituye todas tus horas y minutos.
Haz dibujos falsos entre crepúsculos
a cómodos plazos de color.

Disfrútala mientras en alguna parte
se estará afilando sin que lo sepas
el cuchillo que habrá de matarte.

Finalmente
no olvides indicar en tu epitafio:
“aquí yace quien ni se sabe”.
Es un dato importante.

– Jose Lobo –

©

Dara Scully
Fotografia: Dara Scully

Charles Bukowski: LA HISTORIA DE UN SUFRIDO HIJO DE PUTA

LA HISTORIA DE UN SUFRIDO HIJO DE PUTA

Una noche llegó piel y huesos a mi puerta, mojado, apaleado,
temeroso
era un gato blanco bizco rabón
lo dejé entrar lo alimenté fue uno más en la casa
desarrolló hacia mí cierta cariñosa confianza
hasta que un buen día un conocido,
estacionando en mi cochera
pasó con su auto por encima del gato blanco bizco rabón
de inmediato llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo:
“no hay mucho para hacer…dale estas pastillas… su espinazo
está aplastado, pero fue aplastado anteriormente y de algún modo
logró sanar, si sobrevive no volverá a caminar, mira
estas radiografías, le metieron un escopetazo,
mira estos puntos oscuros
son perdigones enquistados…además, alguna vez tuvo una cola
y alguien se la cortó…

me llevé el gato a casa, era un verano caliente, uno
de los más calientes en décadas, puse al gato en el piso del baño,
le serví agua, sus pastillas, no deseaba comer ni beber agua,
yo sumergía mi dedo en el agua, le humedecía la boca el hocico
y le hablaba, ese verano no fui a ningún lado, pasé muchos días
de ese verano en el baño hablándole, acariciándolo suavemente,
él me miraba con esos ojos que se le entrecruzaban
mientras tanto pasaban los días,

una tarde realizó su primer movimiento
arrastrándose con sus patas delanteras
(las traseras no querían moverse)
llegó hasta el rincón donde yo había preparado su cama
se arrastró un poco más y se dejo caer en ella,
fue para mí como el sonido de un clarín presagiando la victoria posible
aturdiendo el baño, desparramándose por la ciudad, yo
le conté entonces a ese gato -que las había pasado mal yo también, no tan mal,
pero bastante mal…

una mañana se irguió, se paró sobre sus patas, cayendo luego de espaldas,
me observaba mansamente.
“lo puedes hacer” le dije.
él insistió, se levantaba y volvía a caer, una y otra vez,
finalmente
caminó unos pocos pasos, era la viva imagen de un borracho
sus patas se negaban a obedecerle, cayó nuevamente, descansó
y nuevamente se levantó.

ustedes conocen el resto de la historia: está mejor que nunca,
bizco casi sin dientes, pero ha recuperado su gracia, y esa mirada
de sus ojos, pícara, no lo ha abandonado…

algunas veces me hacen entrevistas, ellos desean saber
de mi vida, de mi literatura,
yo me emborracho, alzo en brazos a mi gato
bizco, herido de bala, atropellado dos veces, rabón
y digo: “miren, miren esto!!!”
ellos no entienden nada, insisto, nada de nada, preguntan
algo por el estilo de: “¿reconoce usted influencias de Celine?”.
“no”, levanto mi gato, “por lo que sucede, con cosas
como esta, como esta !!!”.

sacudo a mi gato, lo llevo
hacia la luz brumosa por el humo y el alcohol, está relajado, él sabe
este es el momento en que la entrevista finaliza

a veces me siento orgulloso cuando miro las fotografías
ahí estoy yo, ahí está mi gato, hemos sido
retratados juntos
él también comprende que son gilipolleces, pero que de alguna manera te ayudan.

– Charles Bukowski –

bukowski y el gato

José Agustín Goytisolo: ALTA FIDELIDAD

Entre todos los ruidos de la noche
yo distingo sus pasos. Sé
cómo va vestida, lo que piensa,
qué música prefiere. No me importa
su nombre, dónde vive
o en la casa de quién, y todavía
mucho menos aún qué hará mañana,
hacia dónde se irá, qué oscuros trenes
la envolverán con su jadeo sordo,
qué manos retendrán su mano tibia.

Ella camina ahora, y yo la siento
cerca de mí, real, cansada, siempre
con ojos asombrados, esperando
que algo nuevo suceda, algo que cambie
el monótono ritmo de las horas,
un gesto, acaso, que ella entendería,
y no sabe cuál es. Sólo la noche
acompaña sus pasos desolados,
le da cobijo entre las multitudes;
sólo la noche, como yo, la espera.

– José Agustín Goytisolo –

“Alta fidelidad”, del poemario ‘Algo Sucede’.

Noche